Crítica de ‘Papusza’: Mirada a un alma singular para explicar una historia colectiva

Las críticas de Carlos Cuesta: Papusza

Cuesta
mirar al pueblo gitano sin recibir de vuelta una imagen colectiva
aunque se busque una visión individual. Se trata de una raza hermética,
independiente, sometida a prejuicios que me empujan a juzgar a todos sus miembros
por un mismo patrón; también a algunos estereotipos que acaban no siéndolo y
resultan ser incontestables verdades. Papusza aborda esa
tarea complicada, la de observar la cultura romaní para extraer al mismo
tiempo una idea global del colectivo y otra singular, la de una de sus figuras más
notables, Papusza, gitana polaca que aprendió a leer y a escribir (cosa
peculiar entre los gitanos de su país en los años 20) y que expresó el
sentir de la nómada existencia de su gente en varios libros de poemas.

El comienzo de la película ya nos muestra a esta mujer (Jowita Budnik)
como alguien llamada a ser distinta entre los suyos. A través de las
idas y venidas en el tiempo (saltando entre su infancia, su madurez y su
vejez) se nos muestra lo que ella tiene de distinto, de particular,
para comprender la generalidad. El poeta Jerzy Ficowski (Antoni Pawlicki)
convivió con una caravana nómada huyendo de un contencioso con la
justicia y fue quien animó a Papusza a que escribiera y expresara sus
hondas, emocionadas y sencillas reflexiones sobre una raza siempre en
movimiento, sin destino ni memoria. La obra de Ficowski sobre los
gitanos y los poemas que ella editó a través del autor le valieron a la
mujer el ostracismo y el destierro, acusada de haber desvelado los
secretos de su gente.

De Papusza me
admiró la forma de retratar a este conjunto de personas alegres,
osadas, machistas. libres, al margen de la ley, cerrados, orgullosos y
afianzados a su cultura; me gustó porque no cae en la crítica inútil ni se ladea
para satisfacer a los gitanos que pudieran ver la película. Se nos
ofrece una imagen seguramente imparcial de una raza en una recreación
sensacional, verosímil, viva y auténtica. Cabe lamentar que la anomalía
literaria de la protagonista se diluye en la intensa experiencia de la
vida libre, en el testimonio de un tiempo y de un pueblo diferente.
Los
poemas de Papusza susurran en algunas escenas, su mente no puede parar
de crear ni de sacar al exterior sus reflexiones. Por eso cuando su
actitud se convierte en destierro, la necesidad del silencio enfrentada a
su ansia de expresarse se torna locura. Sus hermosos poemas mezclan el
victimismo romaní con esa noción de maldición y orgullo por horadar la
tierra con sus pasos. La letra del tema musical que cierra la película
llega a las entrañas.
Pero si estoy de acuerdo con el testimonio, con el fondo y con la manera de dirigir a los actores por parte de Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze,
dudo de si estoy conforme con la presentación de la imagen. Los fabulosos
escenarios al aire libre y los lugares donde los personajes desarrollan
sus vivencias provocan la sensación de tener a actores interpretando
frente a trampantojos teatrales. Llegué a tener la sensación
de pasar las hojas de un álbum de fotos cuyos personajes estuvieran en
movimiento.
Es
comprensible la cantidad de vistas generales y panorámicas que hay en
la película para transmitirnos esa sensación de libertad, de apertura,
de inmensidad, pero la intensidad del relato se nos escapa en el espacio
y en la duración de los planos, como si encendiéramos la calefacción y
si se nos fuera el calor al abrir las ventanas. Los planos amplios,
colectivos, son un reflejo de lo que hablaba antes, de ese sacrificio de
lo individual. Como consecuencia creo que a la película le cuesta saltar de un plano a otro antes de que se le agote la vida, y sería grato que nos acercara más al detalle del sentimiento y pretendiera más la búsqueda de una correspondencia más
próxima de los gestos. Lo colectivo, lo general, lo inmenso, devora lo
concreto, lo particular, lo pequeño.
En Papusza se
echa en falta un poco de Papusza; no termino de digerir ni la
cantidad ni la calidad de todo lo que escribió porque la película anecdotiza esa producción literaria. Vamos y venimos en el tiempo a lo largo del
metraje que testifica que esta mujer se ha convertido en una
secundaria de su propia historia y que la conclusión de la película la
deja un tanto al margen, como si sólo hubiera sido una piedra en el
camino de la historia gitana en vez de una figura excepcional. 

Con todo, la historia de esta mujer me atrapa y la interpretación de Jowita Budnik me
enternece y me ayuda a creer más en lo que cuenta la película, pero el
montaje me pierde y me hace dudar de cuál es el propósito de la
película. No podemos dudar sin embargo del valor casi
documental de Papusza, el cariño y la profesionalidad con
la que se nos ofrece. Creo que sólo falta concretar un poco el
propósito, amarrar su espíritu nómada.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su proyección en la 58 edición de la Seminci.

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